El deseo sexual de las mujeres es un tema inherente a la historia del feminismo:
Las primeras sufragistas que concebían el sexo potencialmente peligroso para las mujeres y gritaban NO AL SEXO, Enma Golman que quería bailar y sentirse libre en sus relaciones sexuales, las americanas de los EEUU rompiendo la identificación sexualidad-reproducción, las españolas de los 80 que defienden que la vagina no es EL órgano sexual, o las lesbianas madrileñas que reivindican el deseo por ellas mismas, tachando a las heterosexuales de colaboradoras con el enemigo.
Es muy divertido ver como a través de los años de historia feminista los discursos van cambiando, como se crean, se rompen, se transforman o se innovan… pero nada me aclara el tema del deseo sexual, nada calma mi idea de salir al mundo desnuda…
La única diferencia monumental que se me ocurre entre el deseo sexual femenino y el de los machos, es que el nuestro ha sido negado y censurado a través de la historia y hoy, de una forma algo más camuflada, sigue siendo así.
Nos han negado la sexualidad, la masturbación, el libertinaje, la homosexualidad y la promiscuidad, y ha sido empleado para el uso y disfrute de hombretones machudos. Follamos para daros hijos, daros placer o poneros cachondos.
Sólo se me ocurre una manera de defender nuestro deseo, y es haciéndolo público, sacándolo de la esfera de lo privado, de lo íntimo, de lo sucio. Compartiendo con la tierra el placer de nuestros cuerpos malditos por todos.

Yo reivindico mi deseo, mi deseo por los hombres (sin privilegios) y las mujeres, mi deseo por mi cuerpo, reivindico todas y cada una de mis masturbaciones más clandestinas en los sitios más insospechados, reivindico mi excitación sexual incontrolada y constante, y reivindico mis formas de calmarla. Reivindico el placer que me supone el sexo oral y el haber deseado ser follada desde más o menos los 8 años, reivindico mi curiosidad, mi aumento de líbido con la menstruación, mi fetichismo y mi deseo por el dolor que me conduce a dulces orgasmos. El amor por las fuertes penetraciones y por las más leves caricias.
Reivindico mi yo animal, mi yo sexual, mi yo libre y mi yo que desea follarte.



