En el génesis la primera pareja de Adán no fue Eva, se llamaba Lilith. Dios creó del mismo polvo a ambos: Génesis 1:27 “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.
Cuentan las leyendas recogidas en los textos, que Lilith no satisfacía la necesidad de sometimiento que requería Adán. Era bella, espontánea y libre, y muy pronto empezaron a pelear. Cuando deseaban follar él se negaba: “Yo no yaceré debajo tuya, sólo estaré encima ya que soy el superior“, a lo que Lilith respondía “Ambos hemos sido creados de la Tierra, ambos somos iguales“.
Ella necesitaba salir de esa cárcel tiránica; sedujo a Yahweh, que bajo su enamoramiento, le reveló su prohibido nombre sagrado. Lilith pronunció tan divino nombre, lo que le dio el poder de levantarse del suelo y volar para abandonar aquel Estado de obediencia.
Huyó al Mar Rojo donde su menstruación era recogida por las mareas, y follaba libre con cada demonio que la tomaba como semejante, convirtiéndose así Madre de los Demonios.
Adán, viéndose solo y abandonado, lloró a Dios “Señor del universo, la mujer que me diste ha huido“. Dios envió a tres ángeles (Snvi, Snsvi y Smnglof) que fueron a buscarla, amenazándola de que si no volvía, matarían a cien hijos suyos cada día hasta que decidiera retornar.
Ella sabía que incluso esta suerte sería mejor que regresar.
Como venganza Lilith juró atacar a todo hombre, haciéndose dueña de su semen para dar nacimiento a más niños demonio que reemplazaran los ya muertos.

No es extraño que Lilith se convirtiera en un icono feminista. Es una mujer independiente, insumisa, que desea y demanda sexo, no es tierna, ni cuidadora. El patriarcado convirtió sus alas de espíritu del viendo, en alas demoníacas.
Pero la leyenda, no acaba aquí:
Como muestra Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, Lilith volvió al Edén en forma de serpiente para mostrarle el camino de la liberación a Eva y a todas nosotras.





