Hoy tengo el ánimo más raro de este mundo. Me muevo lento y pienso al mismo ritmo. No he usado la voz para hablar en todo el día, salvo para un par de llamadas por teléfono. Sigo llevando las bragas y la sudadera que me puse ayer. He canturreado, he acariciado cuatro acordes de la guitarra y me he recogido el pelo. Pero todo muy lento, siento que si fuerzo la cadencia de mis tiempos esa sensación que no sé identificar vaya a desaparecer.
He pensado en algunos procesos y he concluido que no de todo se aprende. Que incluso lo aprendido, puede ser olvidado. Puedes construir y deconstruir los grandes conceptos de tu vida tantas veces como haga falta o tantas veces como te lo impongan tus propias condiciones, eso casi no significa nada. Pero no quiero hablar de la deconstrucción de la maternidad, ni de la deconstrucción del amor, ni de la deconstrucción del lenguaje, que es en lo que ocupo yo ahora mi feminismo más íntimo. Quiero hablar de el estado suave en el que llevo todo el día, de la introspección salvaje que nos permitimos cuando vencemos el miedo.
Me encanta tener días en los que puedo comer solo cuando hay hambre o dormir solo cuando hay sueño, poder disfrutar de ese dolor de dedo meñique después de muchos Sol Mayores y preguntarme si no lloro porque no puedo o porque quizá no tengo ganas. He pasado todo el día haciéndome preguntas absurdas sin importarme una mierda la respuesta. Me encanta esta sensación de calma que se me ha quedado por reprimir demasiado fuerte las ganas descaradas de follarme.
Sigo, pensando sólo para dentro. Repasando las historias pasadas, no desde la ilusión de que podrían haberse cambiado, sino desde la sustantividad de que pasaron y forman parte de lo que soy. Porque gracias a esos retales que ya fueron cosidos, soy la mejor YO que nunca he sido.
Porque me permito reírme cuando hay un silencio tenso o me permito identificar lo que deseo. Porque me proyecto desde mi y no desde el resto.
Y aquí sigo, lenta y suave, disfrutando de este estado en el que las ideas, las palabras y los acordes me salen como pausadas pompas de jabón en calma. Me quiero.




